La persiana es de esos elementos de casa en los que nadie piensa hasta que se queda bloqueada un domingo. Sin embargo, un mantenimiento sencillo y espaciado evita la mayoría de averías. Esto es lo que recomendamos tras años reparando persianas en Pamplona.
¿Con qué frecuencia?
Como norma general, una revisión cada uno o dos años es suficiente en una vivienda normal. Conviene acortar ese plazo a una vez al año en dos casos: persianas de uso muy intenso (las que subes y bajas varias veces al día) y persianas muy expuestas al polvo, la humedad o el aire marino, porque la suciedad en las guías acelera el desgaste.
¿Qué se revisa en una puesta a punto?
Una revisión completa incluye comprobar el estado de la cinta y la tensión del recogedor, engrasar las guías, alinear las lamas para que no rocen, revisar los soportes del eje y, en las persianas motorizadas, comprobar el motor y los finales de carrera. Es un repaso rápido que deja la persiana subiendo suave y detecta el desgaste antes de que se convierta en rotura.
Señales de que toca una revisión
No hace falta esperar al plazo si notas alguna de estas señales: la persiana cuesta más de lo normal al subir, hace ruido o chirría, la cinta se ve deshilachada, las lamas se ven descolgadas o desalineadas, o una persiana eléctrica se para a destiempo. Cualquiera de ellas es aviso de que algo empieza a fallar.
¿De verdad evita averías?
En gran medida, sí. La mayoría de bloqueos que atendemos vienen de cintas gastadas que se rompen o de guías secas que traban las lamas, y ambas cosas se detectan y corrigen en una revisión de rutina. Gastar poco cada año o dos evita el susto —y la factura— de una urgencia en el peor momento.